lunes, 22 de enero de 2018

Qué hacer con los mozos de escuadra

La última de ellos es que se ha descubierto que intentaron quemar la alerta de EE.UU. sobre el atentado de las Ramblas, ese que luego los impresentables catalanistas y otros emboscados quisieron cargar al Estado, cuando obviamente la culpa fue de los mozos y de Colau.
No cabe ninguna duda a estas alturas de que a la clase política se le fue la mano en el asunto de las Autonomías. Una cosa es que se acuerde la descentralización, para acercar la administración al ciudadano y otra muy distinta servirse de ella de modo artero y nocivo, además, para los bolsillos de los contribuyentes. Los sucesivos gobiernos de España han dado carta blanca a las Autonomías y como consecuencia de ello ha surgido un monstruo administrativo, lleno de artefactos llenos de funcionarios muy bien pagados cuya característica fundamental es la inutilidad.
¿Para qué querían las Autonomías que se les cediera la Educación? Se ha demostrado que para nada bueno. El Estado jamás debió abandonar a los niños dejándolos en manos de unos impresentables.
¿Para qué la Sanidad? Pues para enchufar a los suyos y enredar con los dialectos. Un médico que hable español no interesa en según qué sitios.
¿Para qué la policía? Si el Estado no hubiera cedido las competencias policiales las bandas terroristas que han surgido en España al calor de los nacionalismos no habrían podido cometer tantos atentados. La lucha contra el terrorismo se habría desarrollado con más posibilidades de éxito. Con respecto a los mozos de escuadra ya se ve el papelón que van haciendo día tras día. Urge su disolución.
Pero, sobre todo, si el Estado no hubiera cedido tantas competencias a las despilfarradoras Autonomías sería mucho más fuerte y, por tanto, habría podido resistir mejor los chantajes, desafíos y bravatas de ciertos impresentables, con mocho o con ensaimada.

domingo, 21 de enero de 2018

Los psiquiatras de Copenhague

En contra de que lo que se pueda pensar en un principio, no hay indicios de que en las embajadas se estudien los pormenores de los países en que están enclavadas, sino que todo apunta a que se limitan a defender, egoístamente, o sea, sin excesivos miramientos, sus propios intereses nación.
Esta falta de delicadeza quedó clara cuando un país tan orgulloso de sí mismo como Francia cometió la bajeza de proteger en su territorio a los etarras. Si Francia no se hubiera comportado de un modo tan infame no habrían surgido los GAL, sin que eso signifique que tenga toda la culpa, porque el gobierno español tampoco debió caer tan bajo.
Ahora tenemos otro asunto más o menos parecido, en cuanto a torpeza se refiere, y es la anunciada visita de Puigdemont a Copenhague, de la que no sólo cabe destacar el hecho de se le vaya a recibir, sino que además, en un alarde de mala educación y estupidez, los organizadores han mandado una invitación para acudir al acto a la embajada española. Supongo que habrá ido directamente a la papelera.
Se conoce que el entorno de Puigdemont en Bruselas, porque su partido en España debe de estar deseando desembarazarse de él cuanto antes, mendiga sin cesar ante los parlamentarios europeos, para que le concedan algún acto de relieve, con el fin de que los medios no se olviden de él, lo cual inevitablemente tendrá que ocurrir.
Si percibe algún riesgo en su desplazamiento a Dinamarca, puede apostarse a que no irá, porque ya ha demostrado que es un cagón.
Si finalmente va, porque le den garantías de que puede hacerlo, su actuación servirá para seguir perjudicando a Cataluña, para hundirla más económicamente y que un buen número de catalanes se queden sin trabajo. Pero el hecho de que el gobierno danés sea desleal no significa que todos los daneses sean tontos. Verán lo que hay.
Por su parte, los psiquiatras de Copenhague, cuando lo vean actuar y hablar, no tendrán dudas ya acerca de él.

sábado, 20 de enero de 2018

¿Camps? No, gracias

Con respecto a Camps, hay que respetar, como en todos los demás casos, la presunción de inocencia. Eso, en primer lugar. En segundo, que quizá las acusaciones vertidas contra él no se puedan probar. Y en tercero, que en caso de que se prueben es posible que el delito haya prescrito.
Cabe añadir también que, independientemente de que haya delinquido o no, empobreció, con sus derroches megalómanos, al Reino de Valencia, pero este empobrecimiento es pasajero. En cambio, los nacionalistas catalanes han empobrecido a Cataluña para siempre. Otra diferencia sustancial es que mientras las víctimas de los nacionalistas catalanes siguen votando a quienes les han hecho tanto daño, los valencianos huyendo del fuego han caído en las brasas, votando a esos que no pueden traer más que la ruina para siempre.
Por culpa de los desvaríos de Camps, sobre cuya estabilidad emocional tengo serias dudas, el Reino de Valencia está en manos de los impresentables catalanistas, cuya salud mental tampoco parece buena, toda vez que en pleno siglo XXI pretenden implantar en el Reino de Valencia un dialecto que un tal Pompeyo Fabra, químico, retocó y amplió apenas un siglo antes, y se les nota el deseo de que sustituya por completo a la lengua española.
Camps tenía unas manías y unos aires de grandeza que no se correspondían con su mente limitada y estos de ahora tienen otras manías, y no sólo la del dialecto, que también llevan al convencimiento de que sus mentes son igual de limitadas o más.
En las primeras elecciones democráticas quedó claro que en el Reino de Valencia priman las izquierdas, pero unas pocas elecciones después el personal se cansó, porque una cosa es ser de izquierdas y otra ser catalanista. El problema se produjo cuando la derecha puso a un presidente tonto, que es Camps, por culpa del cual volvió la izquierda, sin que todavía se haya desprendido del catalanismo.

viernes, 19 de enero de 2018

Puigdemont – Junqueras, duelo al sol

Duelo de rufianes, cabría decir y espero que ningún otro rufián se cabree por tildarlos de esta manera.
Ambos estaban convencidos de su impunidad, porque de otro modo no habrían llegado tan lejos, como se desprende de los titubeos que tuvieron a última hora, cuando ya no tenían marcha atrás y quisieron presentar las cosas de otro modo. Tropecientos millones nos ha costado la broma a los españoles, además de los destrozos causados, que se pueden cuantificar en un importe mil veces mayor.
«Que no subestimen la fuerza del pueblo de Cataluña», había dicho Puigdemont, subestimando la fuerza de la ley. Esa fuerza se consumó, en una ‘manifestación pacífica’ con unos gamberros subidos a un coche la Guardia Civil que habían destrozado, de ‘forma pacífica’, claro.
También se ha concretado la fuerza del pueblo de Cataluña en Tabarnia, en este caso de forma civilizada. Con esto tampoco contaban esos rufianes, y repito que espero que ningún rufián se enfade por tildarlos de este modo.
Han perdido y en lugar de dar la cara y asumir las consecuencias, juegan al escondite y al disimulo. No deberían haber ido ninguno de los dos en las listas electorales, por coherencia y por respeto a sus votantes, pero esos no respetan a nadie, ni siquiera a sí mismos. Junqueras, que delegó su voto, pide ahora que lo dejen ir a los plenos, porque no puede delegar el voto. Cada vez una cosa, como los niños de pecho.
Por su parte, Puigdemont, agita su mocho al viento allá en Bruselas y hace todo el ruido que puede. Es un cagón de manual.
Han perdido, pero hay un gran número de catalanes, esos cuyo apelativo que mejor les cuadra es el de catalufos, por su vinculación con lo fantástico, con la ufología, que a pesar de todas las evidencias siguen confiando en ellos. Los catalufos no tienen cura.
Puigdmont y Junqueras se disputan el poder sobre los catalufos. Entre ambos, un Torrent que si se descuida terminará ‘calent’.


jueves, 18 de enero de 2018

Quieren que los perros sean personas

Eso quisiera yo también, pero que lo fueran no sólo los perros sino además todos esos animales que andan sueltos ensuciándolo todo, el Parlamento catalán, por ejemplo, que han aparecido con unos lacitos puestos por unos cagones que, incapaces de responsabilizarse de sus actos, han decidido ‘ensuciar’ unos cuantos asientos.
En el mismo partido que la señora que dijo eso está Toni Cantó, que fue escarnecido en las redes por un discurso magnífico que hizo en el Parlamento, cuando era diputado por UPyD, utilizando argumentos de Fernando Savater. Ignoro si la opinión de Toni Cantó ha cambiado o si sigue siendo la misma, pero en cualquier caso habría que saber cuál es la postura oficial del partido, porque ella habló de presentar el proyecto de ley. Falta saber cómo piensa conseguir que los perros sean personas y si eso no nos va a traer alguna complicación añadida, porque yo de mi perrita me fío, pero si la convierten en persona a lo mejor ya no me puedo fiar.
De cualquier modo, conviene reseñar que la señora que hizo esas declaraciones tiene inclinación a la poesía, como lo demuestra otra de sus frases: «cuando veo un perrito, me derrito», pero presenta el problema de que si lo que ve es una perrita, no va a poder decir algo tan poético como lo anterior y los guardianes (y las guardianas) de lo políticamente correcto se van a cabrear.
Pero conviene precisar la cuestión, porque todo esto tiene que ver con los supuestos derechos que los animales ni siquiera reclaman, quizá conscientes de que no los pueden tener, porque el asunto se reduce a la dignidad de la propia persona, a la estima que cada uno tenga de sí mismo. Hay personas que se igualan a los animales, porque por lo visto esto es más fácil y se comportan como bestias. Y hay personas dignas de ese nombre que por respeto a sí mismas tratan bien a los animales.


miércoles, 17 de enero de 2018

Los locatis insisten con Puigdemont

No puede ser de otro modo. Estas gentes no tienen remedio. Bueno, algunas sí. Forcadell ya va meditando y tal vez en el futuro aún medite más, pero es porque tiene motivos particulares para hacerlo.
Al grueso de los locatis no le importa la realidad de las cosas, con la fugas de los cobardes, las fugas de las empresas, el miedo al corralito que se evidenció en un momento dado, la evidencia de los graves delitos cometidos, nada. A los locatis sólo les importa su enfermizo modo de interpretar el pasado, el presente y el futuro. Un pasado, un presente y un futuro repletos repletos de fantasía ilógica, de esperanzas pueriles y, sobre todo, de odio. Los locatis son personas transidas por el odio, el sentimiento más nocivo de todos, que lleva irremediablemente a la autodestrucción.
La parte no enloquecida de Cataluña, en el intento de salvar lo que se pueda de esa pulsión autodestructiva, se ha enrocado en Tabarnia, esa idea que no tiene más remedio que convertirse en realidad. Algunos descerebrados dicen que Tabarnia es una tomadura de coleta pelo, y es lógico que lo digan dada su condición citada. Aparte de que les gusta más la guillotina. Los rufianes tampoco están muy contentos con el surgimiento de Tabarnia, puesto que lo que les gusta es vivir sin trabajar, no dar golpe, no presentar propuestas que beneficien a los ciudadanos.
Unos y otros, los descerebrados y los rufianes, dicen que defienden a los trabajadores, pero a la vista de los resultados que obtienen mejor sería que no hicieran nada, sino que directamente trabajaran, para que supieran lo que supone ser un trabajador. Pero seguramente eso les da pánico y se lo montan para no necesitar hacerlo.
Lo de los locatis es peor. Muchos de ellos, que no tienen más remedio que trabajar, arriesgan sus puestos de trabajo y los de otros con su actitud. De hecho, bastantes los han perdido ya.

martes, 16 de enero de 2018

Tabarnia ya tiene presidente

En situación normal, la idea de Tabarnia sólo podría ser considerada como una broma, algo sin sentido, pero ocurre que en donde los nacionalistas logran implantarse desaparece la normalidad, desaparece la razón y la locura se apodera de todo.
Boadella tuvo que irse de Cataluña, para escapar de aquel ambiente irrespirable. Invitó a alguien a pasear con él por las calles de Barcelona, para que viera con sus propios el nivel de degradación ciudadana. De vez en cuando saltan a los medios noticias de los vándalos que a menudo se acercan a sus propiedades.
Los nacionalistas siempre tienen la palabra democracia en la boca, porque no saben que sólo puede decirse que la hay en donde alguien que piense lo contrario que la mayoría puede caminar tranquilamente por sus calles. Los verdaderos demócratas tratan de rescatar Barcelona de los energúmenos que se han apoderado de sus calles.
Boadella es una de las personas que mejor conoce Cataluña, sabe llegar como pocos al alma del catalán. No pueden decir lo mismo esos que dicen defenderla y en realidad la están hundiendo y no les importa y que con el hundimiento se empobrezcan los catalanes y desaparezcan muchas de las cosas que dicen, de boquilla, amar.
Boadella es más catalán que todos esos sinvergüenzas y no cabe duda que el sufrimiento que le ha tenido que provocar ver la deriva infame a la que Pujol y sus secuaces abocaban a Cataluña le sirvió de acicate para irse.
Tabarnia no tiene más remedio que hacerse realidad, porque la locura de los nacionalistas es incurable. Sólo empiezan a meditar cuando pasan por la cárcel. El primer paso, con el nombramiento de Boadella está dado. En su discurso ha demostrado su conocimiento del mundo catalán al referirse en varias ocasiones a los rufianes, auténticos esperpentos de la comedia.
Los siguientes pasos en orden a la conversión de Tabarnia en una realidad tendrán que ser más formales.